Episodio 10 Capítulo 4: Enfermedad Renal Crónica en Perros Gerontes.

Escrito el 02/07/2026
Armando Patiño


En este capítulo de ConCiencia Veterinaria abordamos una de las enfermedades de mayor relevancia en la medicina del paciente geriátrico canino: la enfermedad renal crónica, también conocida como ERC.

Se trata de un proceso persistente y progresivo en el que los riñones pierden gradualmente su capacidad para filtrar la sangre, concentrar la orina y mantener el equilibrio de agua, minerales, electrolitos y productos metabólicos del organismo.

En perros mayores, la enfermedad puede desarrollarse de forma silenciosa durante meses o años. En sus primeras etapas, el paciente puede conservar el apetito, la actividad y una apariencia aparentemente saludable, aun cuando ya existan alteraciones funcionales o estructurales en los riñones.

Conforme la enfermedad avanza pueden aparecer aumento en el consumo de agua, mayor producción de orina, pérdida de peso, disminución de masa muscular, inapetencia, náusea, vómito, debilidad, deshidratación y deterioro progresivo de la calidad de vida.

Este capítulo analiza la importancia del diagnóstico temprano, la estadificación clínica, la evaluación de la proteinuria y la presión arterial, así como las estrategias nutricionales y médicas que permiten reducir complicaciones y acompañar de manera individualizada al perro geronte con enfermedad renal.



Detección y diagnóstico temprano

El diagnóstico temprano representa uno de los principales retos en la enfermedad renal crónica. Los riñones poseen una capacidad funcional de reserva que puede permitir al paciente compensar durante largos periodos antes de que se manifiesten signos clínicos evidentes.

Por ello, la evaluación renal del perro geronte no debe comenzar únicamente cuando aparecen vómito, inapetencia o pérdida de peso. Debe formar parte de los programas preventivos mediante la integración de historia clínica, exploración física, análisis sanguíneos, urianálisis, medición de presión arterial y estudios de imagen cuando estén indicados.

La creatinina y la urea aportan información importante, pero deben interpretarse considerando hidratación, alimentación, masa muscular y evolución individual. En perros geriátricos con sarcopenia, la pérdida de músculo puede reducir la producción de creatinina y hacer que el deterioro renal parezca menos avanzado.

La SDMA puede utilizarse como marcador complementario de filtración renal, especialmente cuando existen resultados dudosos o discrepancias con la creatinina.

El urianálisis es indispensable para evaluar la capacidad de concentración, detectar proteína, inflamación, infección, glucosa, sangre, cristales o alteraciones del sedimento. La densidad urinaria debe interpretarse junto con el estado de hidratación y los resultados sanguíneos.

El diagnóstico de enfermedad renal crónica no debe establecerse por un único valor alterado. Es necesario confirmar que los cambios son persistentes, descartar causas reversibles y diferenciar la enfermedad crónica de una lesión renal aguda o de un proceso agudo sobre una enfermedad preexistente.



Estadificación clínica y evaluación integral

Una vez confirmado el diagnóstico, la enfermedad renal crónica debe clasificarse para conocer su severidad, establecer prioridades terapéuticas y orientar el seguimiento.

El sistema de estadificación de la International Renal Interest Society organiza la ERC en cuatro etapas. La clasificación principal se realiza con base en las concentraciones de creatinina y, de forma complementaria, SDMA, siempre que el paciente se encuentre estable, adecuadamente hidratado y evaluado en más de una ocasión cuando sea necesario.

La etapa 1 puede incluir pacientes con creatinina todavía dentro del intervalo de referencia, pero con otros indicadores de daño renal, como alteraciones estructurales, pérdida persistente de capacidad de concentración, proteinuria renal o incremento sostenido de biomarcadores.

En las etapas 2 y 3, la disminución de la función renal es más evidente y pueden aparecer signos clínicos progresivos. En la etapa 4, el paciente presenta enfermedad avanzada y mayor riesgo de síndrome urémico, deshidratación, alteraciones electrolíticas, anemia, pérdida nutricional y reducción importante de la calidad de vida.

La etapa renal no debe interpretarse de manera aislada. También es necesario evaluar hidratación, fósforo, potasio, calcio, bicarbonato, hematocrito, apetito, peso, condición muscular y presencia de enfermedad gastrointestinal.

La estadificación no es una etiqueta definitiva. El paciente debe reevaluarse porque su condición puede estabilizarse, progresar o modificarse con el tratamiento y la aparición de nuevas complicaciones.



Proteinuria e hipertensión arterial

La proteinuria y la hipertensión arterial son dos factores fundamentales en la evaluación del perro con enfermedad renal crónica porque pueden contribuir a la progresión del daño y afectar otros órganos.

La presencia de proteína en una tira reactiva no confirma por sí sola proteinuria renal. Antes de interpretarla, deben considerarse la concentración urinaria, el sedimento y la posible existencia de inflamación, infección o sangrado en las vías urinarias.

Cuando la proteinuria persiste y el sedimento no explica el hallazgo, la relación proteína-creatinina urinaria permite cuantificarla y clasificar al paciente. Su seguimiento ayuda a valorar el riesgo renal y la respuesta a las intervenciones terapéuticas.

La presión arterial también debe medirse de forma sistemática. La hipertensión puede aparecer como consecuencia de la enfermedad renal y, al mismo tiempo, agravar la lesión de los glomérulos y provocar daño en ojos, cerebro, corazón y vasos sanguíneos.

La medición debe realizarse en un ambiente tranquilo, con un brazalete adecuado y varias lecturas consistentes. El estrés puede elevar temporalmente la presión, por lo que una lectura aislada debe interpretarse con precaución.

El tratamiento de la proteinuria y la hipertensión debe individualizarse. El objetivo no consiste únicamente en modificar una cifra, sino en reducir el riesgo de daño orgánico, limitar la progresión renal y preservar la estabilidad del paciente.



Nutrición, tratamiento y seguimiento

El manejo de la enfermedad renal crónica es multimodal y debe adaptarse a la etapa clínica, los resultados laboratoriales, las complicaciones presentes y la capacidad del paciente para mantener una alimentación adecuada.

Las dietas terapéuticas renales constituyen una de las intervenciones más importantes. Generalmente están formuladas para controlar el aporte de fósforo, ofrecer proteínas de calidad en cantidades adaptadas, proporcionar suficiente energía e incluir ajustes de sodio, potasio, vitaminas y ácidos grasos omega-3 según su formulación.

La restricción nutricional no debe generar pérdida de peso ni rechazo del alimento. En pacientes geriátricos es indispensable vigilar la ingesta calórica, el peso y la condición muscular. Una dieta ideal en teoría pierde su beneficio si el perro no la consume en cantidad suficiente.

También puede ser necesario controlar la deshidratación, hiperfosfatemia, hipopotasemia, acidosis metabólica, náusea, vómito, inapetencia, anemia, proteinuria e hipertensión. No todos los perros presentan las mismas complicaciones ni requieren los mismos medicamentos.

El acceso constante a agua fresca es fundamental. En algunos pacientes puede indicarse soporte hídrico adicional, siempre ajustado a su estado clínico y a la presencia de enfermedades cardíacas u otras condiciones concurrentes.

El seguimiento debe incluir controles periódicos de peso, condición muscular, apetito, hidratación, presión arterial, sangre y orina. La frecuencia dependerá de la etapa, estabilidad y respuesta al tratamiento.

Más que aplicar un protocolo rígido, el objetivo es construir un plan dinámico que pueda modificarse conforme evoluciona el paciente.



Mensaje central del capítulo

El mensaje principal de este capítulo es que la enfermedad renal crónica en perros gerontes no debe abordarse únicamente cuando aparecen signos de uremia o deterioro avanzado.

La detección temprana, la confirmación adecuada del diagnóstico y la estadificación permiten intervenir antes, identificar factores de progresión y establecer un seguimiento adaptado a las necesidades de cada perro.

La creatinina, la SDMA, el urianálisis, la relación proteína-creatinina urinaria y la presión arterial aportan información complementaria. Ninguna de estas herramientas debe interpretarse de forma aislada ni fuera del contexto clínico.

El manejo renal no consiste solamente en modificar la dieta o administrar medicamentos. Requiere preservar hidratación, nutrición, masa muscular, apetito, movilidad, confort y calidad de vida.

Este capítulo de ConCiencia Veterinaria invita a comprender la ERC como una enfermedad que exige vigilancia continua, comunicación con la familia y decisiones clínicas individualizadas.

En la enfermedad renal crónica, diagnosticar temprano no siempre permite revertir el daño, pero sí puede cambiar la forma en que acompañamos su evolución y protegemos la calidad de vida del paciente.

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